La cantinela del demonio parece ser que tuvo eco y a partir de ese momento muchas fueron las músicas que se reclamaron del diablo. No sólo el blues. también el country, las óperas masónicas de mozart, la internacional o incluso (y para acabar con una relación virtualmente interminable) el rock&roll. Las voces búlgaras y los cantores del don* (donde don quiere decir precisamente eso: il padrino: el mal en persona). Se sabe que fueron pocos los que pretendieron hacerle frente al imperio de las tinieblas y que sus desesperados intentos acabaron en un sonoro fracaso. Y es que el artero proyecto del demonio no iba a permitir interferencias. Introdujo la ilusión entre los hombres fomentando la libertad... de elegir... elixir. Desvirtuó la música hasta convertirla en músicas... del mundo. Llovieron las drogas (en sentido amplio), el sexo (también en sentido amplio) y el alcohol (en sentido estricto). La magia blanca y la magia negra. La superstición científica y las luces de colores. ¿Quién podía resistirse? Nadie quería perderlo. Todos querían montar en ese Trem Fantasma que como un caballo desbocado iba atravesando a una velocidad de éxtasis los más alucinantes paisajes. |
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